Modificado: septiembre 18, 2013
18sep2013

Un nuevo modelo de financiación de la universidad como palanca de mejora

Un grupo de reconocidos expertos en cuestiones universitarias (Embid Irujo, Gutierrez Solana, Michavila, Guy Haug, etc.) integrados en torno al Instituto de Estudios Educativos y Sociales de la Fundación Europea Sociedad y Educación, vienen publicando desde un par de años unos Cuadernos y Documentos de Trabajo Studia XXI. 

El último Cuaderno de Trabajo publicado, el quinto, titulado Instrumentos para una financiación eficaz de las universidades, que no ha sido muy comentado ni difundido, es obra de los dos mayores expertos españoles en financiación de universidades, José Antonio Pérez García, gerente de la UPV, y Juan Hernández Armenteros, ex-gerente de la UJ.

En el cuaderno, muy breve, propugnan el establecimiento de modelos de financiación universitaria que sean la palanca del cambio de las universidades  estableciendoincentivos potentes para mejorar los resultados de docencia e investigación e incrementar la eficiencia, contribuyendo al crecimiento económico y a una mayor competitividad, y dotándolas simultáneamente de un marco económico estable y suficiente a medio plazo.

Los autores se muestran muy críticos respecto a la situación actual en la que aprecian un retroceso de veinte años en los instrumentos al servicio de la financiación de las universidades públicas, al volverse a un Modelo de “subvenciones nominativas a cada institución, cuyo importe es fruto del devenir histórico y de la relación…con el poder de turno”… “habiendo perdido cualquier relación con la evolución de su actividad y de sus resultados”.  También critican, de forma muy genérica y sin entrar en el detalle de una entrada anterior de este blog referida a las deficiencias del antiguo Modelo de Financiación de las UUPP madrileñas, los Modelos de financiación anteriores a la crisis que sólo consideraban la dimensión docente ignorando la actividad de I+D+i, el postgrado o la formación continua, y que alentaban  un incremento de la oferta docente y un despliegue territorial de microtitulaciones.

Tras destacar la importancia de la noción de “valor” en una sociedad de mercado como la nuestra y comentar su incidencia en la actividad de las universidades públicas, y observar la ausencia de una “señalización” adecuada en los Modelos hasta ahora aplicados, los autores apuestan por otorgar la financiación a las universidades en función del volumen y calidad de los servicios docentes y de investigación prestados. El Modelo de financiación pública de las universidades debe desvincularse de costes estructurales, de capacidad o de estructura instalada u oferta “teórica” (“financiación de costes”) y, al contrario,  vincularse a la demanda efectiva satisfecha y a las preferencias de los usuarios (“financiación de resultados”). Por ello debe ir ajustándose año a año – alisando su evolución mediante medias móviles de los indicadores evitando saltos bruscos en su cuantía. Esta vía visualizaría la contribución social de la universidad y el uso de los recursos públicos otorgados, incentivaría la orientación de la oferta universitaria a la demanda social real e impulsaría el despliegue de todo el potencial de capacidad investigadora al financiarse en base a resultados. La identificación de los resultados docentes y de investigación que va a medir el Modelo de los instrumentos de financiación contribuirá a la identificación de servicios, de bolsas de inactividad y de opciones de especialización, y promoverá el análisis de productividad de los factores por los órganos de gobierno de las universidades.

Otro aspecto que trata el Cuaderno es el de los niveles de financiación suficientes, apostando por que nuestras universidades tengan unos recursos similares a los que son norma en los “sistemas universitarios que cumplen satisfactoriamente su función” y porque la opinión pública entienda “que si hay reducción de la aportación de recursos públicos tendría que verse compensada con una mayor aportación de recursos privados”. También considera que el Modelo que se aplique debe incidir claramente en la equidad e igualdad real de oportunidades.

En conclusión, estamos ante un Cuaderno interesante que expone los principios básicos de un Modelo de financiación que conduciría, sin alterar los actuales modelos de gobierno, a una universidad más eficaz, transparente y cercana a la sociedad que la financia y a la que se debe. Sin embargo, echamos de menos que no se hayan analizado en detalle algunos de los modelos seguidos en el pasado reciente y sus carencias, y que no se concreten más las propuestas de futuro y los efectos de las políticas de precios y de becas.

Xavier Puente – 16 de septiembre de 2013

 

 

 

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